Beneficios contrastados de la Inteligencia Emocional

Cada vez son más los estudios e investigaciones que demuestran, con datos contrastados, el impacto de las emociones y los beneficios que implica desarrollar la inteligencia emocional en las personas, en los equipos y en las organizaciones de diferentes ámbitos:

  • Sir William Osler realizó investigaciones que demostraron la existencia de una relación entre las enfermedades del corazón y determinados patrones de conducta característicos de los pacientes con enfermedades cardiovasculares. Más de un siglo más tarde, los cardiólogos Friedman y Rosenman descubrieron en sus pacientes un patrón de comportamiento: por un lado vivir siempre con prisas, y por otro, experimentar con frecuencia sentimientos de enfado, hostilidad y agresividad. Nuestro organismo, ante este tipo de sentimientos, libera la hormona de la corticotropina, la cual provoca un aumento de la presión arterial y del gasto cardíaco, taquicardia, etc.

 

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  • Epidemiólogos de la University College (Londres) monitorizaron estímulos mentales positivos y negativos para medir biológicamente la felicidad y la tristeza (presión arterial, cortisol). Las personas de cáracter triste producían un 32% más de cortisol. Concluyeron que quienes tienen un ánimo positivo, padecen menos problemas endocrinos y vasculares.
  • Christopher Peterson, psicólogo de Universidad de Michigan, realizó un estudio con 122 hombres que habían sufrido un ataque al corazón. Se evaluó su grado de optimismo. Ocho años más tarde, 21 de los 25 hombres más pesimistas habían muerto; y tan solo 6 de los 25 más optimistas, habían muerto. Se demostró así una relación entre el grado de optimismo y la probabilidad de supervivencia. Otras investigaciones realizadas a pacientes con Bypass, demostraron que aquellos que eran más optimistas se recuperaban más rápidamente y con menos complicaciones postoperatorias que los pesimistas.
  • Bruce McEwen, psicólogo de la Universidad de Yale, publicó en 1993 un estudio en el que demostraba la relación entre estrés-enfermedad. Señaló que el estrés provocaba:
    • Alteración de la función inmunológica, pudiendo incluso acelerar la metástasis de cáncer.
    • El aumento de la probabilidad de sufrir infecciones virales.
    • Incremento de la placa que provoca la arterioesclerosis, aumentando los coágulos en sangre y la probabilidad de sufrir infartos.
    • La aceleración del comienzo de la diabetes.
    • El incremento de ataques de asma.
    • Daños en el hipocampo, perjudicando así a la memoria (cuando el estrés se mantiene de forma prolongada en el tiempo).
  • Norman Cousins, director de la revista Saturday Review en la década de 1970, fue diagnosticado de una enfermedad autoinmune, con solo una posibilidad entre 500 de curarse. Siendo consciente de que el estrés y la preocupación solo podrían empeorar su estado, concluyó, por simple deducción, que las emociones positivas podrían mejorar su salud. Cousins, con la aprobación de su médico, se instaló en un hotel, estuvo viendo día tras días películas cómicas, vídeos y espectáculos humorísticos, para beneficiarse de las virtudes terapéuticas de la risa. También recibía frecuentes visitas de sus amigos y solo tomaba fuertes dosis de vitamina C. De forma casi milagrosa, la enfermedad remitió y Cousins se curó. Su experiencia fue publicada en el New England Journal of Medicine.

 

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  • El suceso anterior fue considerado como fundamento científico por muchos investigadores, entre ellos el Lee Berk. Este y su equipo realizaron un estudio en el que descubrieron que la risa tiene efectos significativos y sorprendentes sobre dos hormonas: las beta-endorfinas (que elevan el estado de ánimo) y la hormona de crecimiento humano (HGH, lo que contribuye a la optimización de la inmunidad). Tomando dos grupos de pacientes, uno de ellos visualizó películas y vídeos humorísticos. Por otro lado, se formó un grupo de control, al que no se le proyectaron dichas filamaciones. Las personas que vieron los vídeos, aumentaron un 27% y 87%, respectivamente dichas hormonas. Sin embargo, el grupo de control, que no vio películas, no experimentó dicho aumento.
  • E. Evans, en 1926, realizó una investigación en la que pudo establecer una conexión entre la pérdida de una relación afectiva y la probabilidad de desarrollar cáncer. En concreto, observó que un alto porcentaje de los pacientes con cáncer habían sufrido de una relación emotiva importante (viudos, separados, divorciados). En este sentido, se concluyó que las personas que no lograban asumir la pérdida, tenían más probabilidades de contraer la enfermedad. En esta misma línea, otros investigadores establecieron relaciones entre la incapacidad de expresar emociones genuinas y una mayor probabilidad de padecer cáncer.
  • En 1996, el psicoterapeuta clínico americano Lawrence LeShan, realizó un estudio con más de 500 pacientes de cáncer, en el que concluyó que había una relación entre la aparición de tumores malignos y la pérdida del sentido de la vida (desesperanza, desamparo), la incapacidad para expresar enfado y la pérdida de una relación emocional importante.
  • Investigaciones del Royal Marsden Hospital (Londres) analizaron en 1999 a más de 600 mujeres con cáncer de pecho. Comprobaron que las mujeres con cáncer de pecho que manifestaban desesperanza, tenían un índice de supervivencia menor.
  • El investigador Joseph C. Courtney realizó un estudio con 569 pacientes de cáncer de colon y recto y otro de personas sanas. Los pacientes que decían que en los últimos diez años habían tenido serios problemas de estrés en el trabajo, multiplicaban por cinco veces y media la probabilidad de tener cáncer, comparados con aquellos que no sufrían ese tipo de problemas.
  • La Universidad de Kentucky publicó en 2001 un estudio realizado en un convento de monjas. A través del análisis de los votos de ingreso que habían hecho las novicias, se concluyó que aquellas monjas que se planteaban los votos con una actitud positiva, vivían más años (una media de casi ocho más) que aquellas que plantearon los votos como un sacrificio.
  • Un estudio realizado durante 7 años a más de 3500 ancianos de Canadá concluyó que aquellos que consideraban, al comienzo del estudio, que su salud era mala, tuvieron una tasa de mortalidad tres veces superior a la del grupo de ancianos que opinaban que su salud era excelente (incluso habiendo casos en que los “optimistas” tenían, según los médicos, un estado de salud peor que algunos del grupo de los pesimistas).
  • El psicólogo Sheldon Cohen realizó un estudio sobre la gripe. Realizaron una evaluación del grado de estrés de un grupo de personas y luego las expuso al virus. En el estudio concluyeron que cuanto mayor era el nivel de estrés en la vida de los participantes, más probabilidades tenían de contraer la gripe. Tan solo en 27% de los que tenían poco estrés, desarrollaron posteriormente la gripe. Sin embargo, del grupo que tenían mayor nivel de estrés, el 47% contrajeron la enfermedad. Se demostró así que el estrés debilita nuestro sistema inmunológico.
  • La Clínica de Reducción del Estrés, de Jon Kabat-Zinn, ha demostrado que el entrenamiento en relajación ayuda a los pacientes a reducir los síntomas de sus aflicciones y acelera la recuperación de sus enfermedades.
  • Un estudio realizado por The Society for Human Resource Managament en más de 600 personas, demuestra que los programas de entrenamiento de habilidades socio-emocionales mejoran la salud y el equilibrio emocional de sus trabajadores (reduce el estrés, el absentismo y la rotación) y el rendimiento de los equipos de trabajo (incremento de resultados de hasta un 56% y mejora el clima laboral).

 

Sectores con proyectos en marcha

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(Información extraída del Curso de Experto en Inteligencia Emocional de la UNIR).