Comunicación

Escúchate – Aprender a escucharnos a nosostros mismos

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La auténtica comunicación empieza cuando nos escuchamos, cuando estamos atentos al otro y a nosotros mismos mientras nos comunicamos, cuando ponemos toda la intención en estar allí, para nuestro beneficio y para el del otro. Dejamos el piloto automático que llevamos puesto desde que nos levantamos y nos permitimos una pausa. No necesariamente una pausa de tiempo, la intención mental es suficiente.

La escucha solo será completa si ponemos atención a las emociones que están en nuestro interior en cada momento. Cuando tengamos más consciencia de las nuestras propias, seremos capaces de empatizar, resonar con el otro pues podremos percibir lo que siente el que se está comunicando con nosotros y el resultado será una relación satisfactoria y llena para los dos.

Reconocer emociones y conseguir sintonizar con nosotros mismos no es tarea fácil para el principiante. Con un poquito de tiempo y práctica nos iremos acercando a la complicidad total con lo que sentimos, pero con un sutil equilibrio que nos permita reconocer, sin caer en el extremo de suprimir y tampoco aferrarnos a la emoción.

Según la teoría de Stahl y Goldstein (2010), lo que impide de entrada tener consciencia de lo que sentimos es un grupo de cuatro barreras enormes que nos impiden conectar con nosotros mismos, pues no nos permiten tener ninguna consciencia de lo que está ocurriendo en nuestro interior.

La primera barrera consiste en invalidarlas o descartarlas.

Se nos ha dicho millones de veces, en especial durante la infancia que «no pasa nada», que lo que nos hace llorar «tampoco es tan importante», que nuestro problema «es una tontería, que cosas mucho peores ocurren en el mundo», que llorar «es de niños y es de tontos, que hay que ser valiente». Pero con estos comentarios, aunque tengan la mejor intención, no conseguimos que los niños maduren de golpe, ni que sean valientes. Lo
que conseguimos es que se crean que sentir es inútil y aprendan a reprimir lo que sienten. Y reprimir lo que uno siente causa un estrés enorme en el cuerpo y en la mente. No sin razón existe la frase popular «lo que la boca no dice, el cuerpo lo grita». En nuestro caso, la versión de la frase popular podría ser «lo que no reconocemos y observamos, se convierte en estrés y enfermamos».

La segunda barrera consiste en el error común de confundir pensamientos y emociones

A menudo expresamos ideas como «siento que no valgo para nada», pero lo que estamos diciendo es «pienso/creo que no valgo para nada», por ejemplo. Cuando nos damos cuenta de la confusión, una buena opción es buscar cuáles son las reacciones corporales que aparecen al decir algo así. Seguramente notaremos tensión en los hombros, nervios en el estómago, presión en el pecho…y a partir de aquí reconoceremos que al tener pensamientos así lo que está ocurriendo es que hay una fuerte emoción de miedo en nuestro interior.

La tercera barrera es el hecho de que las emociones son intangibles

Cuando hablamos de emociones no es como si habláramos de una silla o de un plato, que más o menos los de una misma cultura imaginamos parecidos. Las emociones, al ser intangibles, hacen que resulte complicado hablar de ellas. No sabemos con exactitud si lo que yo siento y digo que siento es lo mismo que siente el otro. Además, esto se agrava con el hecho de que nuestra cultura no nos ha dado herramientas para identificarlas y hablar de ellas con naturalidad y facilidad.

El cuarto de los impedimentos es que nos hace falta vocabulario para hablar de las emociones

Al no haber sido educados para experimentar la relación entre emociones,
pensamientos y cuerpo, no nos hemos convertido en expertos en nosotros mismos, y no hemos necesitado un gran abanico de matices para pensar y hablar sobre el tema.

Matices de nuestras emociones

Propondremos una lista de matices a las emociones: alegría, amor, confusión, miedo, rabia, tristeza, vergüenza. Esta lista hará más fácil desarrollar una sensibilidad hacia lo que sentimos y cómo se manifiesta esa emoción en el cuerpo. Nos puede servir de pauta para sintonizar mejor con nosotros mismos, en momentos de experiencias
agradables y desagradables, y para sintonizar y mejorar la comunicación con los demás.

La alegría puede ser diversión, entusiasmo, esperanza, exaltación, optimismo, placer o satisfacción.


El amor puede ser afecto, amabilidad, anhelo, atracción, bondad, compasión, cordialidad, cuidado, deseo, enamoramiento, excitación, sentimentalismo o simpatía.

La confusión puede ser caos, desconcierto, desorientación, estupefacción,
incertidumbre, inconsciencia, indefinición o perplejidad.

El miedo puede que, concretamente, sea agobio, ansiedad, aprensión, inquietud, irritabilidad, nerviosismo, pánico, preocupación, temor, tensión, terror.

La rabia puede ser agitación, enojo, envidia, frustración, furia, exasperación, destructividad, disgusto, mal humor o irritación.

La tristeza puede ser angustia, desesperación, desilusión, dolor, infelicidad, inseguridad, pena, soledad, rechazo o sufrimiento.

La vergüenza puede ser, concretamente, arrepentimiento, culpabilidad, humillación, mortificación o remordimiento.

Vivimos en una sociedad que, tradicionalmente, ha sido educada para vivir con estas barreras emocionales y un gran desconocimiento de los sentimientos, por cultura (religión, tradiciones, etc.). ¡Qué grave error! Es nuestra responsabilidad romper con lo que no nos sirve como sociedad, iniciar cambios en los ámbitos individual y profesional, para conseguir un entorno mucho más humano.

Tener consciencia de lo que ocurre en nuestro interior no nos hace más débiles. Todo lo contrario, tener este conocimiento sin aferrarnos a él nos hace ser extremadamente poderosos.

El mejor ejercicio de Mindfulness para identificar emociones – y que no acaben siendo autodestructivas o destructivas para los demás- es mantener la atención en nuestro cuerpo mediante el reconocimiento corporal como práctica formal; o bien manteniendo la atención a lo largo de todo el día, especialmente cuando nos notamos alterados. ¡Cuidado! No confundamos pensamientos con emociones! La meditación, en cualquier forma que la practiquemos, al hacernos volver al presente y evitar la distracción nos
pone más en contacto con nosotros mismos.

En el próximo artículo hablaremos de la comunicación atenta hacia los demás.

Asimismo, como herramientas de autoconocimiento de pueden interesar: la Ley del espejo o mi Audiolibro «Descubrirse a uno mismo».

Elena Llorente

Soy escritora y profesora. Actualmente, escribo novela romántica y me gusta aportar RESEÑAS Y CRÍTICAS LITERARIAS sobre todo tipo de novelas. También me interesa mucho la INTELIGENCIA EMOCIONAL y en este blog encontrarás muchos artículos divulgativos sobre el tema😊 Por último, otro de mis proyectos es el de RESUMIR EL TEMARIO DE OPOSICIONES DE LENGUA Y LITERATURA, que tengo a la venta en este blog. 🤓👍 Temas resumidos y listos para estudiar que te ahorran tiempo y esfuerzo. Gracias por pasarte por el blog. Si puedo ayudarte en algo, escríbeme. Feliz día ❤️