Educación emocional

Enseñar a gestionar el asco

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El asco es la emoción que nos evita aceptar alimentos tóxicos o en mal estado, nos desapega de aquello que no nos conviene o es un peligro para nosotros o nuestra comunidad. Sin embargo, en ocasiones sentimos asco ante cosas y personas sin que ello esté justificado, por ejemplo ante algún alimento o ante personas que nos caen mal. Además, la carga emocional del asco puede llevarnos a la intolerancia, es decir, a no soportar ciertas cosas o personas, lo que conlleva prejuicios y una visión muy parcial de la realidad.

Para enseñar a nuestros hijos a gestionar el asco, primero podemos empezar por nosotros mismos, revisando que cosas rechazamos en el día a día.

Ahora te relato algunos puntos a tener en cuenta para ayudar a los más pequeños de la casa:

1. aceptar la emoción

En primer lugar, hay que entender que el niño tenga asco o sienta rechazo, se le puede decir que es normal sentir eso ante algo nuevo o que nunca se ha probado o asociado al miedo a lo desconocido. Nombrar la emoción y comprenderla es el primer paso.

Se le puede explicar al niño que el asco es una emoción que sirve para rechazar lo tóxico, pero que a veces simplemente porque algo es nuevo, nos produce asco y hay que darle una oportunidad a las cosas nuevas, cuando sabemos que son buenas para nosotros, como en el caso de las verduras. Y que entienda que en otras ocasiones, el asco es un auténtico aliado, ya que si un alimento nos huele a rancio, el asco nos avisa de que si lo comemos nos pondremos enfermos.

2. acompañar

Para que el niño se sienta acompañado, explícale una situación en la que tú también hayas experimentado la sensación de asco y dile cómo superaste la emoción. Por ejemplo, le puedes decir “cuando yo era pequeño me daba asco el pescado, pero ahora me encanta, sobre todo acompañado de patatas y mayonesa”. A veces, poner una guarnición estratégica, puede ayudar. Hay sabores que se pueden enmascarar añadiendo un ingrediente o haciendo una receta especial. Es importante que el niño se de cuenta de que el asco lo siente todo el mundo, sobre todo ante lo nuevo.

Una estrategia muy efectiva (a mí me funciona de inicio) es que el niño te ayude a cocinar. Siempre que un niño participa en cocinar algo, va a querer probar el resultado. Así que dile a tu hijo que te ayude a contar aceitunas para la ensalada o que te corte en rodajas los tomates, si es más mayor. Guíale, enséñale cómo se cocina el alimento y, al final, cuando esté satisfecho por haberte ayudado, dile “ahora hay que probar lo que hemos preparado juntos”, le hará mucha ilusión, sea lo que sea.

3. ¿está justificado?

Podemos hacer reflexionar al niño (si tiene más de 4 años) sobre si ese asco es o no legítimo. En el caso de alimentos nuevos, se le puede invitar a probar el alimento con frases del tipo “hasta que no lo pruebes no sabes si te gusta”. Y también se le puede motivar diciendo, “si te comes dos guisantes, te daré ese postre que tanto te gusta”. Es importante ser consecuentes siempre: si se come los dos guisantes, le recompensamos; si no se los come, le decimos que en otra ocasión le volveremos a dar esa oportunidad.

Si el asco se siente contra otras personas, es importante que el niño reflexione, ya que tiene que respetar a todos los seres vivos por igual y eso también es algo que se aprende.

4. felicitarlo

Cuando el niño acceda a nuestras propuestas de probar alimentos nuevos, aunque sea con recompensa, hay que felicitarle, ya que vernos felices, le hará querer repetir la situación. Recordemos que lo que más anhelan es nuestra atención, amor y cariño. Por eso es importante brindarles nuestra atención cuando hacen cosas bien, y hacer la vista gorda cuando las hacen mal o cuando no hacen lo que queremos, puede ser efectivo para darles el mensaje de que eso no funciona con nosotros.

Fundadora y editora de Emociones Básicas.