Pensamiento productivo

Diferencias entre la autocrítia sana y la tóxica

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¿Cómo te tratas a ti mismo?

Nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos: cómo nos tratamos, cómo nos hablamos, afecta a nuestros sentimientos y nuestra autoestima.

La autocrítica es una herramienta personal muy poderosa que nos ayuda a corregir nuestros errores y extraer un aprendizaje de nuestros fallos para así mejorar en nuestro desarrollo personal.

Pero la autocrítica solo será productiva si reconocemos nuestros errores sin dañar nuestra autoestima por ello, buscando el aprendizaje y la solución realista. Mientras que será una autocrítica tóxica si nos centramos en darle vueltas al error y nos culpabilizamos y obsesionamos, dañando nuestra autoestima y obviando la búsqueda de una solución.

Por ejemplo, si ante una situación en la que estamos realizando una exposición oral ante un auditorio y cometemos un fallo de dicción o se nos traba la lengua, nos decimos a nosotros mismos: “Qué torpe eres, siempre te aceleras y te equivocas…” automáticamente retroalimentaremos la inseguridad y el bloqueo. Si por el contrario nos decimos: “Te estás acelerando, relájate y plantea una pregunta…” lo que conseguiremos es proporcionarnos confianza y una acción resolutiva.

diferencias entre la crítica tóxica y el crítica productiva

  • Las afirmaciones tóxicas son incuestionables y autoritarias, por ejemplo: “Te has vuelto a equivocar, siempre igual”. Pero las afirmaciones productivas serán flexibles y relativizantes, sin poner etiquetas: “Te estás acelerando, relájate…” Se centran en advertir un aspecto y dar una opción para mejorarlo, no en calificarlo negativamente y dejarlo tal cual.
  • El tono tóxico es severo y culpabilizador. Mientras que el tono de voz productivo es amable y apaciguador.
  • El lenguaje tóxico está lleno de distorsiones cognitivas (“siempre…”, “nunca…”, “deberías…”, “eres…”). Sin embargo, el lenguaje productivo es realista y constructivo (“puedes…”, “ten en cuenta que…”, “otra opción es que…”).
  • Los mensajes tóxicos son cortos y tajantes (“torpe”, “no vales nadad”). Los mensajes productivos son dialogantes, incluyen preguntas (“¿Qué podrías hacer diferente?”).
  • Las intenciones tóxicas son las de culpabilizar y castigar (“tú te lo has buscado, te lo mereces”). Las intenciones productivas son las de encontrar soluciones (“¿Qué puedes hacer para solucionarlo”?).
  • Las comparaciones tóxicas son las que te hacen sentir inferiores respecto a las otras personas y te comparan con los demás (“Fulanito sí lo ha conseguido, pero tú todavía no”). Las comparaciones productivas son las que te comparan contigo mismo y despierta tu afán de superación (“en ocasiones pasadas lo lograste y ahora puedes volver a hacerlo”).
  • La expresión emocional tóxica reprime las emociones (“enfadarse es malo”). La expresión emocional productiva te impulsa a expresar tus emociones de forma saludable (“estoy enfadado y quiero defenderme”).

En el próximo vídeo-post cómo convertir la crítica tóxica en crítica sana y productiva.

Y recuerda…

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Fundadora y editora de Emociones Básicas.