Regulación emocional

¿Cómo gestionar el estrés?

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El estrés es una reacción fisiológica ante una situación que nos hace sentir amenazados.

Esto tiene su lógica y utilidad: si, por ejemplo, estás en la sabana y aparece un león, tu cuerpo reaccionará mediante el estrés. Subirán tus pulsaciones, empezarás a sudar, tus pupilas se dilatarán, tendrás taquicardias, tus muslos se hincharán…

Es la manera que tiene tu cuerpo de prepararte para la acción. Y te da dos posibilidades: huir o atacar.

Eso es muy útil delante de un león, pero si lo extrapolamos a la vida cotidiana y empezamos a ver leones donde no los hay, aparece el distrés o estrés inadecuado.

Es decir, un estrés desmedido que no se ajusta a la situación, por ejemplo, ante un examen, al tener que hablar en público o ante nuestra recargada agenda de trabajo.

Un nivel adecuado de estrés es beneficioso en cuanto puede motivarnos a conseguir nuestros objetivos, ya que nos proporciona energía y confianza en nosotros mismos. Sin embargo un estrés desmedido nos causará bloqueo, ansiedad, angustia e incluso estallidos de ira o depresión.

Cuando ya hemos detectado que nuestro estrés es disfuncional, la mejor manera de ponerle remedio es actuar sobre el control de nuestro propio cuerpo.

Para controlar nuestro cuerpo, podemos empezar por entrenar nuestros cinco sentidos. Los sentidos son el mejor vehículo para dirigir la atención o la concentración.

A continuación te voy a explicar un ejercicio de inducción a la calma en el que hay que utilizar los sentidos. Consiste en ir de la observación del exterior a la observación del interior.

Este ejercicio se puede realizar todos los días, a cualquier hora y en cualquier lugar, y si lo practicas regularmente, con el tiempo, notarás que tienes un mayor control sobre tus reacciones instintivas, ya que serás capaz de anticiparte a ellas mediante el control de tu cuerpo.

la vista

Empecemos por la vista: primero puedes observar lo que hay a tu alrededor, los colores, las formas, el movimiento, la profundidad, las diferentes texturas, los brillos, los reflejos, las sombras… y a continuación, cierra los ojos o concéntrate en un solo punto. Si cierras los ojos quizás observas la oscuridad de tus párpados o ves lucecitas a través de ellos. Si fijas la mirada en un punto quizás se distorsiona un poco la percepción del espacio. También pueden venirte imágenes a la cabeza de recuerdos.

el oído

Ahora escucha los sonidos que hay a tu alrededor, quizás oyes pisadas, el ruido de los coches en la carretera, risas, llantos, gente que habla, una puerta que chirría, el canto de un pájaro… depende de dónde te encuentres. A continuación, pasa de concentrarte en lo que viene del exterior a concentrarte en lo que oyes dentro de ti: puede ser un burbujeo, el sonido que haces al tragar saliva, un zumbido en los oídos, el sonido de tus tripas… escucha a tu cuerpo.

el tacto

Finalmente, fíjate en todo aquello que está en contacto externo con tu piel: la ropa en contacto con tu piel, el respaldo del asiento en contacto con tu espalda, la brisa, la temperatura, la humedad, el tacto de algo que tengas entre las manos… y seguidamente pasa a concentrarte en lo que sientes en tu interior: puede ser un dolor en alguna parte del cuerpo, puede que sientas un peso, un vacío, una emoción, un nudo en el estómago, tensión, fíjate en si tienes taquicardias, en cómo es tu pulso, en el tacto de tu lengua, en el movimiento de tus tripas…


Posiblemente en estos momentos ya sientas una mayor calma, simplemente por el hecho de haberte concentrado en observar tus sentidos, ya que al concentrarte pierdes la noción de todo lo demás.

Es el momento de observar tu respiración: puede que más rápida o más lenta, no tienes por qué forzarla, ya que tu cuerpo coge el aire que necesita de forma natural. Puedes aceptar tu respiración de manera natural e ir modificándola a tu antojo, según quieras respirar más o menos profundamente. Disfruta de tu respiración y pon atención a cómo el aire sale y entra por tus fosas nasales. Si te distraes, no pasa nada, luego vuelve a concentrarte en tu respiración. La distracción es algo normal, no podemos estar fijos mucho tiempo en la misma cosa, pero lo que sí podenmos hacer es dirigir nuestra atención una y otra vez sobre el mismo punto.


Este sencillo ejercicio que consta de cuatro partes:

  1. Vista exterior, vista interior.
  2. Oído exterior, oído interior.
  3. Tacto exterior, tacto interior.
  4. Observar la respiración.

te sirve para entrenar tus sentidos y a calmar tu cuerpo. Cuando lleves una o dos semanas practicándolo a diario, ya podrás observar resultados en tu vida diaria. Es posible que:

Serás capaz de concentrarte más fácilmente.

Serás capaz de calmarte, si es necesario.

Serás capaz de frenar tus reacciones más fácilmente.


 

Espero que mis consejos te hayan sido de utilidad, si te ha gustado el vídeo, dale me gusta, compártelo con tus amigos y suscríbete a mi canal, donde seguiré colgando cada miércoles un vídeo nuevo sobre educación emocional. Un abrazo y hasta otro rato.

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Fundadora y editora de Emociones Básicas.