Educación emocional

2 metáforas para explicar la inteligencia emocional

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A veces cuesta entender ciertos conceptos y todo parece más sencillo si construimos una metáfora, asociamos una anécdota al concepto o contamos un cuento que nos ayude a entenderlo o a recordarlo.

Por eso os relato dos metáforas muy extendidas que os pueden ayudar a entender y explicar qué es la inteligencia emocional:

el kayak necesita remos

La vida es como un río, fluye por sí sola, a veces se estanca, otras veces tiene fuertes corrientes, es imprevisible y pueden aparecer obstáculos en el trayecto.

Imagina que descendieras por un río en kayak. El kayak equivale a tus conocimientos y a tu capacidad intelectual, pero ¿es suficiente para que tu viaje sea seguro? Si solo dispones del “kayak” es probable que al menor obstáculo o corriente acabes volcando y eso te lleve a tragar agua irremediablemente.

Si eso ocurriera y estuvieras boca abajo, con la cabeza metida en el agua, ¿qué necesitarías para darle la vuelta a la embarcación?

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Los remos. Con los remos podrás buscar un lugar en el que apoyarte, podrás moverte, volver a la posición inicial, dejar de tragar agua y seguir tu camino. Los remos te ayudarán a sortear las rocas, a manejarte en las corrientes fuertes y a dirigir tu rumbo. Los remos equivalen a tu inteligencia emocional.

Tanto el kayak como los remos son necesarios para la navegación.

La inteligencia emocional es un recurso indispensable para manejarnos. Nos permite sortear y enfrentar los obstáculos, así como dirigir el rumbo de nuestras vidas.

el carruaje

Un carruaje necesita de varios elementos para llevar a cabo su función. Necesita un conductor que lleve las riendas, necesita unos caballos que lo remolquen y necesita un cliente que quiera ir a alguna parte.

El carruaje es nuestro cuerpo. El conductor, nuestra mente. Los caballos son las emociones. Y el cliente es nuestra esencia.

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El carruaje puede ser más nuevo o más viejo, más lustroso o menos. Podemos cuidar nuestro carruaje o no darle ni una capa de pintura. Sabemos que cuanto más lo cuidemos, más nos durarará y mejor trayecto tendrá nuestro cliente. Equivale a nuestro cuerpo, contenedor de lo que somos.

El conductor es indispensable, es el intelecto, el sentido común, pero también es el ego. Cuidadín con el conductor, que a veces le da por elegir caminos insospechados, que nada tienen que ver con la voluntad de su cliente y acaba por no recibir su sueldo, que es mantener contento al pasajero. Un buen conductor es respetuoso con su cliente, le pregunta a dónde se dirige, sabe tratar a sus caballos y mantiene en buenas condiciones a su fuente de sustento: el carruaje. Escuchar a su cliente es una de sus necesidades, pues su trabajo es conducirlo a su destino.

Los caballos han de estar domados; si no, harán de las suyas y desbocarán el carruaje. De nada sirve un conductor brillante, si sus caballos no atienden a razones y no saben llevar un carro. Los caballos necesitan saber qué se espera de ellos, necesitan saber para qué están ahí. La sintonía entre caballos y conductor ha de ser execelente. Si se comprenden entre ellos, podrán llegar al destino que marque el cliente. De no ser así, llegarán a otro lado o el carruaje quedará parado o sin rumbo. Es muy importante que el conductor encuentre una forma de acercarse a esos caballos, de entenderse con ellos. Y lo mejor que puede hacer es formarse, porque si algo se le da bien es adquirir conocimientos.

Y finalmente nos queda el cliente, que es el espíritu del carruaje, la esencia del carruaje. Si no hubiera cliente, el carruaje no serviría para nada. El pasajero de un viaje del que solo se sabe cuál es la salida y cuál es la llegada, pero del que se desconoce cómo será el trayecto. El cliente no tiene miedo al trayecto, goza de cada instante del viaje, porque sabe que es el viaje de su vida. Sin embargo, a veces, el conductor le cierra las ventanas, el carro se detiene o hay socabones en el camino… El cliente necesita ser escuchado, él sabe disfrutar de la vida, sabe que cada instante es único y auténtico. El cliente es como un niño inocente y puro, ¿lo dejarías a oscuras dentro del carruaje?

 

Espero que os hayan gustado estas dos metáforas y que os sean útiles.

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Fundadora y editora de Emociones Básicas.