Educación emocional

Qué tener en cuenta si eres maestro o profesor

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Hace algunos días, cuando colgué los juegos para aprender y enseñar educación emocional, surgió un comentario en Facebook en el que se pedían orientaciones dirigidas a los profesores. Así que aquí os dejo algunas consideraciones generales a tener en cuenta cuando te enfrentas a una clase.

1. simpatía, cercanía y apertura

“Romper el hielo” es una de las cosas en las que un profesor o maestro tiene que especializarse. Para ello lo mejor es mostrar simpatía. ¿Qué tú eres seri@? No me lo creo y, en todo caso, seguro que puedes serlo menos. No se trata de convertirse en cómplice de tus alumn@s, sino tratar de ofrecerles un ambiente de confianza, que les haga sentir cómodos, y conseguir que no tengan vergüenza de hablar contigo o de preguntarte sus dudas. Hablar con naturalidad de cosas cotidianas, noticias de actualidad o hacer algún chiste blando son algunos ejemplos.

Tres aspectos que te pueden ayudar son  la humildad, el sentido del humor y la creatividad. Recuerda que todos cometemos errores y lo mejor es tomarse las cosas con naturalidad, reírse de un@ mism@. Admitir los propios errores, no te hará más débil frente a tus alumn@s; por el contrario, hará que ellos mismos se sientan más cómodos y les ayudará a aceptarse a ellos mismos. Por otro lado, desarrollar la creatividad significa dedicarle tiempo al asunto, no hay nada más creativo que pensar en ello, dedícale un rato a pensar cómo lograr tus objetivos y el plan se irá tejiendo solo, date una oportunidad.

Por último, una actitud abierta te permitirá desarrollar tu empatía, reconociendo las emociones de los demás, podrás plantearte no construir prejuicios y darles a tus alumnos más oportunidades, así lograrás que tengan menos miedo al fracaso, porque se sentirán protegidos por tu actitud.

2. respeto

Es preferible hablar de respeto mutuo que de autoridad, no se trata de actuar como un tirano al que los alumnos deben hacer caso, porque si no lo hacen las consecuencias serán terribles… más bien habría que construir relaciones a partir del respeto mutuo. Para ello, ayuda prestar atención a los comentarios de los alumnos. Es importante que el profesor censure ciertos comportamientos, como pueden ser los machistas, los xenófogos, los racistas, etc. Si el profesor ignora lo ocurrido, le está dando cancha; si, por el contrario, censura dichas actitudes, está haciendo comprender a sus alumnos que eso no está bien. No se trata de echar sermoncitos. Con dar tu opinión al respecto diciendo: “Eso no me parece correcto” es más que suficiente para que los alumnos lo archiven en su neurona asignada al respecto. Incluso si parece que no te hacen caso, tú ya se lo has dicho y ya lo saben, con el tiempo lo asimilarán.

Además, es importante no hacer sarcasmo ni ironía con los alumnos, no hay nada más cruel que ridiculizar a alguien. Si un alumno te ridiculiza, puedes expresar que su comentario no te parece adecuado. Son niñ@s, están aprendiendo, necesitan que les pongamos límites. Pero recuerda ponértelos antes a ti mism@, no caigas en el juego del “ojo por ojo”, y mucho menos gratuitamente. Eso te convierte en el enemigo a la vista del grupo entero. Si haces un chistecillo, que sea blando, blanco, que sirva para distender el ambiente.

3. Entusiasmo y paciencia

La palabra entusiasmo, del griego: “inmerso en lo divino”. La profesión docente es vocacional, pero muchos profesores y maestros se frustran ante las situaciones adversas a las que tienen que enfrentarse en su día a día y pierden motivación. Solo hay algo que puede ayudarte: la formación permanente. Tienes que conseguir que el reto que te has puesto coincida con tus capacidades. Y para ello, si te faltan recursos, búscalos y acertarás. Cuando estamos lo suficientemente formados en una materia que nos apasiona, entramos en lo que se llama estados de flow. El flow es ese estado en el que entras cuando haces lo que te gusta, que te hace olvidarte del tiempo y concentrarte en lo que estás haciendo con sensación de satisfacción.

Ingrediente esencial para este cometido será la paciencia, amiga de hacer las cosas bien hechas. Paciencia para detenerse a reflexionar, si fuera necesario; paciencia para buscar soluciones alternativas… Y también, paciencia para afrontar la diversidad en el aula; paciencia para entender los diferentes ritmos y costumbres de cada alumno…

4. Don de gentes

Y finalmente, hay que desarrollar habilidades sociales. Saber expresar opiniones sin ofender, saber respetar los derechos de los demás sin dejar que pisen los tuyos propios, tener una actitud colaborativa y constructiva, saber escuchar.

Para ello es importante observarse a un@ mism@, reflexionar sobre nuestras reacciones, hábitos y formas de expresarnos. Poner un ojo en el otro, pero también en nosotros mismos. No reprimir nuestras emociones, sino darles la bienvenida y reflexionar sobre ellas.

Una persona asertiva es aquella que se conoce a ella misma, sabe comunicar a nivel verbal y no verbal, y busca comunicarse con el otro en sus relaciones sociales, comprende cómo es el otro y las intenciones que tiene y no necesita el reconocimiento del otro, le basta con seguir su propio criterio y respetar sus valores para responder adecuadamente a las diferentes situaciones de la vida.

Definido así, no parece dar muchas respuestas, así que daré algunos ejemplos:

  • Hay que ser coherentes entre lo que decimos y nuestro lenguaje no verbal. Para ello lo mejor es utilizar el lenguaje verbal (palabras), no verbal (gestos) y paraverbal (tono de voz) de forma intencionada. Abriendo la postura, usando las manos para señalar, sonriendo, usando palabras adecuadas a la edad de nuestros alumnos y cuidando nuestro tono de voz para que suene cordial y simpático. Es cuestión de practicar…
  • Confiar en uno mismo, mejorando nuestro diálogo interno, asumiendo que hay que darse oportunidades, que no hay que ponerse el listón demasiado alto ni compararse con los demás…
  • Atendiendo a lo que el otro nos transmite, tanto con sus palabras como con sus gestos y su tono de voz, si podemos ayudarlo, será gratificante hacerlo desde la empatía y no desde los propios prejuicios.

Y recuerda…

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Fundadora y editora de Emociones Básicas.