Curiosidades

Sincronicidad o cómo mover los hilos del Universo

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La sincronicidad es una coincidencia significativa no causal entre dos o más sucesos, por ejemplo, vas pensando en una persona en concreto y te llama o la encuentras a la vuelta de la esquina.

Entre ejemplos célebres:

  • Anthony Hopckins, antes de que comenzara el rodaje de  La mujer de Petrovka buscó sin éxito por todas las librerías de Londres la novela de George Feifer en la que se basaba el guion. Un día en la estación de metro de Leicester Square encontró un ejemplar de ese libro en un banco. Un par de años más tarde, mientras Hopkins rodaba la película tuvo la oportunidad de conocer a George Feifer y ambos descubrieron que curiosamente el libro que Hopkins había encontrado era del propio Feifer, que lo había extraviado. Lo supieron por las notas manuscritas de los márgenes del libro.
  • Darwin, creador de la teoría del Origen de las Especies, mientras trabajaba en su proyecto, recibió un escrito de un joven biólogo, desconocido para él, llamado A. R. Wallace. En el documento se exponía de forma resumida y paralela la misma teoría de Darwin. Sin embargo, ninguno de los dos conocía la labor del otro.
  • El poeta Hart Crane, que residía en Brooklyn Heigths, sintió un deseo irresistible de escribir un poema sobre el puente de Brooklyn, por el que es recordado principalmente. Un año después descubrió que la dirección donde residía al componerlo, era donde había vivido Washington Roebling, ingeniero jefe en la construcción del puente.

El término de sincronicidad fue acuñado por el psicoanalista Carl Gustave Jung y el premio Nobel de física Wolfgang Pauli, quienes intuyeron que estas casualidades tenían un significado profundo más allá de la mera coincidencia. Ambos eran propensos a las sincronicidades, de ahí que acabaran creando el concepto. Pero las sincronicidades no son algo que le pase solo a algunas personas, nos ocurre a todos, solo que a veces no les prestamos atención y otras veces las tomamos como casualidades.

Pauli tenía una sincronicidad muy graciosa, que sus compañeros de profesión denominaron “efecto Pauli”, cada vez que se acercaba a un lugar donde se estuviera haciendo un experimento, se rompía algún aparato o se producían averías de manera inexplicable. Y estos sucesos ocurrían tan a menudo en su presencia, que escapaban de la mera casualidad, convirtiendo a Pauli en un verdadero gafe, aunque él lo llevaba con tanto orgullo que hasta acabó estudiando el tema. Junto a Jung publicó en 1952 Interpretación de la naturaleza y la psique, en el que explican la naturaleza de la sincronicidad como “la coincidencia en el tiempo de dos o más sucesos no relacionados causalmente, que tienen el mismo significado”.

La sincronicidad actúa como un espejo interno de la mente. Jung la definía como “una manifestación exterior de una transformación interior” y como “una relatividad del tiempo y del espacio psíquicamente condicionada”. Según apunta el psicoanalista Arnold Mindel, la sincronicidad tiene relación con la actividad de la energía psíquica profunda y, por otro lado, la formación de patrones dentro del inconsciente va acompañada por el desarrollo de patrones físicos en el mundo exterior. Según Mindel, cuando los modelos psíquicos están apunto de alcanzar el nivel consciente, las sincronicidades llegan a su apogeo. Se ha descubierto que las sincronicidades son abundantes en períodos de transformación, como nacimientos,  muertes, enamorarse, obra creativa, cambio de profesión… como si la reestructuración de la persona produjera resonancias externas y su energía mental saliera al mundo físico.

En la sincronicidad se basan, por ejemplo, los sistemas de oráculos que tod@s conocemos: I Ching, Tarot, Runas… A lo largo de la historia podemos encontrar alusiones a un centro psíquico interior, que podía trasladarnos al pasado o al futuro. En la Grecia antigua era el Daimon, en Egipto el alma B, en Roma el Genio innato. Gracias a estos conceptos dichos pueblos explicaban y manejaban su conexión con el mundo mediante los oráculos y así se orientaban en la vida.

Para los naskapi, pueblo que habita hoy en día la Península del labrador (Canadá), el alma humana es “el compañero interior” o Manitú, entidad que reside en el corazón y es inmortal. Los naskapi entran en contacto con Manitú a través de los sueños y deben seguir sus instrucciones. Dicen que no les ayuda si se comportan de forma mentirosa o desleal. La generosidad, el amor al prójimo, a los animales y a toda la naturaleza es la forma correcta de atraer a Manitú. Su vida onírica les conduce a los lugares donde abunda la caza y les permite vivir de forma armónica.

En opinión del psicólogo Kalawski “es de gran importancia el trabajo con sueños, para que las personas encuentren su Sí Mismo y en especial la Sombra (parte del inconsciente en el que se esconden los rasgos negativos de cada individuo). Los sueños son una manifestación de la sabiduría interior de cada persona. Tal como lo plantea Jung, el conocimiento profundo viene del Sí Mismo y aparece en los sueños, imágenes y símbolos. Gracias a ellos, cada ser humano tiene el don de ser sabio o profeta.”

Can-You-See-ItLa sincronicidad se contrapone al principio de la causalidad y, por lo tanto, a todo lo que hemos considerado como realidad. Va más allá de nuestras defensas intelectuales y rompe nuestra creencia en el carácter tangible de las superficies y en los órdenes del tiempo y la naturaleza.

La sincronicidad también se relaciona con la ley de la atracción, la física cuántica y, a su vez, con la visión del Universo como si de una unidad se tratara. El sinólogo Richard Wilhelm muestra en el relato del hacedor de lluvia la esencia de la visión china del mundo acerca de cómo el hombre y la naturaleza forman un todo individual.

“En cierto pueblo chino donde no había llovido durante varias semanas, se buscó un hacedor de lluvias. Al llegar, el anciano fue directamente a la casa que habían preparado para él y se quedó allí sin realizar ninguna ceremonia hasta que llegaron las lluvias. Al preguntarle cómo había logrado que lloviera, el anciano explicó que la causalidad no tuvo nada que ver. Al llegar al pueblo, él se había dado cuenta de la ausencia de un estado de armonía y, por consiguiente, que los procesos normales de la naturaleza no funcionaban según su diseño correcto. Como él también se encontraba afectado, se retiró a su cabaña para sosegarse. Recién, cuando su armonía interna se recobró y el equilibrio se restableció de acuerdo a su patrón natural, empezó a llover.”

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Fundadora y editora de Emociones Básicas.