Regulación emocional

Cómo acabar con un pensamiento negativo recurrente en 3 sencillos pasos

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Todo el mundo tiene pensamientos negativos, algunos se colocan al lado de nuestro oído sin parar de zumbar, como una mosca y pueden acabar mosqueándonos. No desesperes, quizás no puedas olvidar, pero sí puedes recordar menos. Así que, ahí van esos tres pasos… En primer lugar:

1. Date 21 días

Ya sé lo que estás pensando: ¿No eran 3 “sencillos” pasos? Buena deducción; sin embargo, he de decirte que toda buena empresa requiere su esfuerzo. ¿Qué son 21 días comparados con todo el tiempo que llevas arrastrando ese pensamiento negativo? Aparece cuando menos te lo esperas, sin invitación y te corta el rollo.

Necesitas 21 días para acabar con ese conocido inoportuno porque, según la Neurociencia, eso es lo que tarda el cerebro humano en sustituir un circuito neurológico establecido, equivalente a un “viejo hábito”, por un nuevo circuito neurológico, es decir, un “nuevo hábito”.

Y eso significa que, si dejas de hacer algo durante 21 días, te vuelves un torpe en la materia. Y si encima lo sustituyes por algo que quieras potenciar, probablemente consigas comenzar a ser bueno en ese algo novedoso y que, además, has elegido tú para ti.

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Como le pasa a Charlie Brown, para cualquier cosa hay que esforzarse, tanto para lo bueno como para lo malo, así que puedes elegir qué potenciar en tu vida.

No hace falta que los 21 días sean seguidos, puedes remolonear un día o dos y continuar al día siguiente, esto no es la mili, es tu proceso. Y recuerda: No existen fracasos, solo existen resultados.

2. Conecta con tu objetivo

Se trata de poner los pies en la tierra, encender el interruptor de la consciencia y ver lo que estás viendo, escuchar lo que estás escuchando y sentir lo que estás sintiendo.

Puedes elegir cualquier momento del día: recién levantad@ quitándote las legañas, bajo la ducha, paseando al perro, fregando los cacharros, justo antes de la siesta, cambiando un pañal a tu hij@… (menos viendo la tele y tomando estupefacientes, cualquier momento del día te vale).

Céntrate, despierta de tu letargo de pensamientos voladores y descubre lo que tienes delante, ¿verdad que alguna vez te ha pasado que te levantas con tantas prisas que no te das cuenta de que existes hasta que te entra hambre?

Elige un momento del día y céntrate. Si vienen pensamientos, observa cómo pasan, explicándote que no los vas a juzgar, y dirige tu atención hacia lo que hay a tu alrededor. Céntrate en tu respiración. Date cuenta del ritmo que llevas. Y cuando estés presente y centrad@ en el momento que has elegido, puedes conectarte con tu objetivo. Tienes que tenerlo claro, haberlo decidido de ante mano. Puede ser algo que te has propuesto a corto o largo plazo, mejor que sea concreto, alcanzable y que dependa de ti exclusivamente.

Y ahora usa la imaginación, prueba a visualizarte habiendo conseguido el objetivo, observa lo que observarías si lo consiguieras, escucha lo que escucharías si lo consiguieras, siente lo que sentirías si lo consiguieras… y disfruta de esa sensación.

Si tienes presente tu objetivo es probable que tus pasos se dirijan hacia él y encuentres los recursos que necesitas.

3. Dedica un momento del día a realizar una buena acción

No hace falta que seas Teresa de Calcuta. Actos sencillos como: fregar tú los cacharros aunque no te toque, ceder tu asiento a una embarazada en el bus, frenar con tiempo en los pasos de cebra, regalarle un cumplido a tu madre, sonreír al vecino gruñón, dar los buenos días al del quiosco, escuchar las quejas de alguien explicándote a ti mismo que no lo vas a juzgar, ceder en la programación de la tele, apagar el móvil cuando estés con tu pareja (sin esperar que ella también lo haga), darle la razón a tu herman@, etc. Hay millones de pequeños buenos actos que puedes hacer, seguro que se te ocurren miles que tienen que ver con tu vida cotidiana. Basta que realices uno cada día de forma consciente y, a poder ser, uno diferente cada día (no vale repetir).

Si lo consigues, es probable que el día que haga 22, no puedas dejar de hacerlo.

 

El primer paso es indispensable para que tu cerebro tenga tiempo de hacer cambios en el trastero.

El segundo paso te relaja, te centra y te mantiene atento a tu objetivo.

El tercer paso te permite entrar en contacto con la gratitud ajena, te hace sentir mejor persona y te pone a prueba en lo relativo a juzgar y prejuzgar a los demás y a ti mismo.

Estos 3 pasos son sencillos, no cuestan dinero y espero que te den muy buenos resultados. Me encantaría saber si te ha funcionado, puedes dejar un comentario o sugerencia si lo deseas.

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Fundadora y editora de Emociones Básicas.